El feedback positivo suele percibirse como algo necesario en el entorno laboral, aunque a veces incluso los elogios pueden hacer que nos sintamos incómodos. Si bien ganarse el respeto de un compañero o superior o confirmar que se ha logrado elevar el propio nivel de habilidad en alguna disciplina puede ser extremadamente gratificante, hay momentos en que la retroalimentación puede causar el efecto contrario.

 

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¿Cuándo puede perjudicar el feedback positivo?

Confusión, enojo, irritabilidad o apatía pueden ser la consecuencia de una crítica negativa, pero también de una constructiva o del feedback positivo.

 

Todo depende del momento escogido para transmitir el mensaje y de la habilidad del emisor, como muestran los siguientes datos de un estudio de PeopleFirm:

 

  • Para el 63% de los ejecutivos el mayor desafío de una gestión eficaz del rendimiento es la falta de habilidad de la gerencia para mantener conversaciones de retroalimentación difíciles.
  • El 25% de los empleados informaron que temían su revisión de desempeño.
  • Solo el 36% de los gerentes completan las evaluaciones exhaustivamente y a tiempo.

 

La retroalimentación se encuentra entre dos necesidades humanas importantes: nuestro deseo y nuestra necesidad de desarrollarnos y crecer, por un lado, y ser aceptados como lo somos por el otro. Por eso, cuando falta o no es suficiente, se produce un estancamiento, falta instrucciones o ideas sobre cómo mejorar, se carece de una confirmación que indique que se está avanzando por el buen camino y termina faltando motivación para continuar desarrollándose y esforzándose por alcanzar objetivos.

 

Sin embargo, recibir comentarios sobre cada cosa que se hace a lo largo de todo el día puede resultar frustrante. Y es que el feedback positivo también puede llegar a ser excesivo.

¿Cuándo no es necesario más feedback positivo?

La fatiga por retroalimentación ocurre cuando alguien se satura al recibir demasiado feedback. La retroalimentación generalmente requiere un procesamiento y el exceso puede generar desgaste. Las personas necesitan tiempo para asimilar la retroalimentación en su comportamiento y autoconcepto.

 

Aunque el umbral de cada persona para recibir comentarios es diferente, cualquiera es susceptible a la fatiga de retroalimentación si se expone a una frecuencia demasiado elevada. No hay que olvidar que tenemos la necesidad humana básica de ser aceptados como somos. Demasiada evaluación, positiva o negativa, puede hacer que cualquiera se sienta abrumado y juzgado.

 

Entre las señales que alertan de la fatiga de feedback positivo se encuentran las siguientes:

 

  • Saturación. El primer signo de fatiga de la retroalimentación es para quien lo da, que siente que está continuamente dando feedback. Cuando esto se percibe, es casi seguro que el receptor también lo está sintiendo. Incluso la persona más positiva y segura de sí misma puede agotarse si les llega demasiada retroalimentación.
  • Parálisis. Alguien que experimente fatiga por retroalimentación se sentirá paralizado; van a adivinar todo lo que están haciendo. Comenzará a mirar por encima del hombro para buscar la aprobación de su superior.
  • Inmunidad a la retroalimentación positiva. Incluso aunque estamos hablando de retroalimentación positiva, puede terminar afectando a la moral de los individuos y afectar al entorno de trabajo, que perderá dinamismo y podría empezar a desarrollar conflictos.

 

La fatiga de la retroalimentación es fácilmente reversible, pero debe ser reconocida por ambas partes, el emisor y el receptor. Es vital que se reconozcan las acciones positivas y el trabajo exitoso y que se aprecie el esfuerzo que está realizando cada empleado, pero no hay que excederse en la retroalimentación.

Se trata de profesionales y un exceso de feedback positivo podría generarles dudas acerca de su valía, su autonomía o su competencia. Por eso hace falta priorizar la retroalimentación, identificando los aspectos más importantes y centrándose solo en ellos en términos de feedback positivo.

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