Las 4 diferencias entre un mal jefe y un buen líder 02 de Febrero de 2016
Ha llegado la hora de tener un equipo a tu cargo. No sabes exactamente qué rol debes adoptar. Te explicamos las principales diferencias entre un jefe y un líder. Tú decides cuál es el mejor.
Ser jefe no es lo mismo que ser líder necesariamente. Si consultamos sus definiciones, un jefe, según la Real Academia Española de la Lengua, es el superior o cabeza de una corporación. Sin embargo, un líder es aquella persona que dirige o conduce un partido político, un grupo social u otra colectividad.
El modelo de jefe tradicional está quedándose obsoleto. Por eso es necesario que estos profesionale asuman cada vez más el rol de líderes. Solo de esta forma conseguirán ser verdaderamente relevantes en la toma de decisiones y dirigirán un equipo motivado y eficaz.
 

El jefe manda. El líder inspira.

Los jefes dan órdenes que deben cumplir los empleados. Tienen el poder de mandar sobre sus subordinados para que realicen unas tareas determinadas sin permitir que sus órdenes sean cuestionadas o debatidas. Se basan en el concepto de autoridad.
 
Sin embargo los verdaderos líderes dan ejemplo con sus propias acciones. Aportan al equipo inspiración basándose en su propio método de trabajo y en su forma de asumir sus responsabilidades. El líder encabeza a sus empleados para conseguir entre todos los mismos objetivos.
 

Empatía: de 0 a 100.

Un jefe no suele empatizar con los problemas concretos con los que el trabajador puede encontrarse a la hora de resolver un trabajo. De hecho una de las frases más típicas del jefe tradicional es “no es mi problema, busca tú la solución”.
 
Una de las claves esenciales para ser un buen líder es la empatía. Un líder hace sentir a su equipo que el problema puede solucionarse entre todos. De hecho, si en la respuesta que le da a su empleado incluye la primera persona del plural, el mensaje de cooperación es aún más claro. De ese modo “no es mi problema” se convertirá en “busquemos juntos la solución”.
Las 4 diferencias entre un mal jefe y un buen líder

De la palmadita en la espalda al verdadero reconocimiento

Un jefe no suele reconocer el trabajo bien hecho de sus empleados, o suele recurrir a gestos superficiales y materiales para recompensarlos. Un gran porcentaje de trabajadores no se siente verdaderamente reconocido en su empleo.
 
Un buen líder siempre felicita por el trabajo bien hecho a su equipo, lo cual hará que este se motive y comprometa con la empresa. Este verdadero reconocimiento por parte del líder hará que el trabajador se sienta respaldado y seguro tras sus éxitos y continúe trabajando en esa línea.

Señalar los errores o reconvertirlos en soluciones

Un jefe señala los errores del empleado, busca culpables y en numerosas ocasiones aprovecha la ocasión de reprender al empleado como una advertencia velada para el resto del equipo ante futuros errores o actitudes.
 
Un líder ve en los errores una oportunidad de aprendizaje y se lo transmite así al equipo. Busca solucionar el problema, y convertir el fracaso en un éxito futuro o en al menos en un error que no se volverá a cometer.
 
Para dirigir una empresa con éxito el perfil del jefe tradicional, tal y como hemos visto, debe reconducirse hacia un liderazgo basado en la inspiración, la empatía y la capacidad de conseguir que el equipo trabaje en armonía sintiendo que comparte los objetivos de su compañía.

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