El liderazgo no tiene tanto que ver con las necesidades del propio líder, sino con las de las personas y la organización que está liderando, por tanto, los estilos de liderazgo deben adaptarse a las exigencias particulares de la situación, los desafíos a que se debe hacer frente y las personas involucradas.

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Daniel Goleman, en su libro sobre liderazgo, describe seis estilos diferentes. Y es que, los estilos de liderazgo no deben ser entendidos como una enumeración entre la que escoger el que más se adapta a los propios hábitos y capacidades; puesto que, de hecho, los líderes más eficaces pueden moverse entre varios de estos estilos, adoptando el que satisface las necesidades del momento, algo que se conoce también como liderazgo situacional.

Entre los estilos de liderazgo que reconoce Goleman y que pueden formar parte del repertorio de un líder se encuentran los siguientes:

  • Visionario.
  • Coach.
  • Afiliativo.
  • Democrático.
  • Autoritario.
  • Timonel.

Sin embargo, esta lista se completa con nuevos estilos en los que determinadas características destacan entre las demás, es el caso, por ejemplo, del líder sirviente o el liderazgo de prestigio.

Dominio y prestigio, dos estilos de liderazgo con enfoques casi opuestos

Dominio y prestigio son dos rutas distintas para ascender hasta alcanzar posiciones de liderazgo influyentes dentro de una organización. Ambos estilos de liderazgo pueden reconocerse fácilmente, ya que:

  • Una estrategia de dominancia requiere que los individuos sean más asertivos, controladores, decisivos y seguros de sí mismos en el logro de sus metas. Los individuos que persiguen esta estrategia a menudo coaccionan o inducen miedo psicológico entre otros miembros del grupo para alcanzar objetivos, sin preocuparse por las consecuencias que sus acciones y decisiones pueden tener en los demás.
  • Una estrategia de prestigio logra una mejor consideración social puesto que quienes se distinguen por este estilo de liderazgo, no sólo tienen éxito en las cuestiones de su competencia directa, sino que comparten conocimientos o habilidades de gran valor para otros miembros del grupo. A cambio, reciben su respeto y admiración, que les lleva a alcanzar posiciones de mayor responsabilidad y rango más elevado en la jerarquía de la empresa.

Steve Jobs o Donald Trump, líderes calificados como autoritarios, podrían encajar en la definición de una estrategia dominante. Por su parte, Warren Buffett o John Mackey entrarían dentro de un estilo de liderazgo democrático (como Walt Disney) o servidor (como Martin Luther King), respectivamente, aplicando en ambos casos una estrategia de prestigio.

Sin embargo, todos ellos han actuado como líderes visionarios, timoneles, coach o afiliativos en algún momento. Por ejemplo, ante la incertidumbre, los individuos prefieren a un líder que es seguro de sí mismo y decisivo para lograr sus objetivos, un líder dominante y autoritario; pero, si lo que se busca es empoderar a los empleados, en vez de imponer la propia visión, hay que fomentar la visión del equipo, por ejemplo, animando a sus miembros del equipo a discutir activamente sus ideas y a sintetizar sus contribuciones en una estrategia coherente.

Para el líder de prestigio es tan importante hablar como escuchar a los empleados, puesto que es de esta forma como este estilo de liderazgo logra construir un ambiente seguro donde los miembros del equipo se sientan respetados y libres para innovar y generar soluciones creativas. En este sentido, liderar a través del prestigio a menudo significa liderar de una forma más sutil.

¿Destaca la cultura de tu organización por propiciar las relaciones relativamente igualitarias? ¿Qué estilo de liderazgo te ha ayudado a lograr mejores resultados?

 

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