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Recargo de equivalencia: en qué consiste

El recargo de equivalencia es un concepto íntimamente relacionado con el IVA. De hecho, se utiliza para definir una tipología muy particular de obligación tributaria, que es la que afecta a empresarios del retail que orienten su actividad comercial al cliente final, sin ocuparse de la transformación de ninguno de los artículos que componen su inventario.

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Se trata, por tanto, de un régimen especial de IVA de aplicación a autónomos y también a comunidades de bienes. Quedan exentos de esta obligación los comerciantes mayoristas (así se considera a quienes acrediten una facturación a empresas y autónomos que sea superior al 20 % del total del ejercicio), también se exime a las empresas de servicios y a las que se centran en desarrollar cualquier actividad industrial.

Tampoco necesitan ocuparse del recargo de equivalencia las gasolineras, joyerías o concesionarios de coches. Los peleteros, marchantes de arte, empresas que venden maquinaria, negocios de explotación minera o quienes se dedican a la venta de naves terminan de formar esta lista de exentos de este régimen especial de IVA.

¿En qué consiste el recargo de equivalencia?

Pese a que se plantea siempre como una ventaja que ayuda a simplificar la gestión, lo cierto es que el recargo de equivalencia implica importantes inconvenientes. Todos están relacionados con la salud financiera del negocio, puesto que este régimen especial, impide deducirse el IVA, lo que supone un aumento de los costes y un freno al ahorro.

Así, los empresarios que deben cumplir con esa obligación se encuentran con que no pueden recuperar el IVA soportado ni el porcentaje añadido de recargo de equivalencia. Estamos hablando de, por ejemplo, para artículos gravados con un IVA del 21 %, el recargo supondría un 5,2 % añadido.

Tampoco podrán los empresarios que se encuadren en este régimen especial de IVA deducirse el impuesto sobre el valor añadido correspondiente a las inversiones que hayan hecho en el negocio.

Es complicado encontrar el beneficio a esta situación. La única ventaja de acogerse a este Régimen es no tener que presentar declaraciones de IVA a Hacienda.

Así, quienes desean olvidarse del modelo 390, no volver a ver el temido modelo 303 y evitarse la actualización de los libros contables, pueden acogerse a esta opción si no se encuentran entre las exenciones que establece la ley.

Eso sí, aún tendrán que vérselas con parte de la documentación tributaria si realizan adquisiciones intracomunitarias. En ese caso, necesitarán hacer frente al recargo que corresponda tras autorrepercutirse el IVA y, además, presentar:

  • El modelo 309.
  • El modelo 349.

Si bien es cierto que es sencillo dejar que sea el proveedor quien incluya el recargo de equivalencia en las facturas y limitarse a pagarlo al recibirla, la simplificación de la gestión del IVA también se puede lograr por otros medios que tienen menos inconvenientes.

Soluciones de gestión integral, como Corporate, no solo mejoran la gestión del negocio, sino que también ayudan al empresario a adquirir un mayor control sobre los gastos profesionales, lo mismo sucede con Ticket Gasolina o Ticket Restaurant, que además aportan otras ventajas. A todos estos beneficios hay que añadir uno muy importante, que es que el mismo sistema se encarga de unificar las facturas para facilitar la recuperación del IVA, de forma automática, sin esfuerzo y cómodamente.

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