Como cada año a la vuelta de vacaciones, los responsables de recursos humanos planifican en estas semanas los regalos que los empleados recibirán esta Navidad. Optimizar al máximo el presupuesto, no perder de vista las nuevas tendencias y convertir el obsequio en un gancho para la motivación son tareas imprescindibles.
La cesta de Navidad comenzó a implantarse en nuestro país en los años 70: un buen surtido de licores, embutidos, turrones y otros aperitivos propios de estas fiestas solían componer este aguinaldo que las empresas daban a trabajadores, clientes o proveedores. Era entonces símbolo de estatus, pero esta forma de recompensar a los empleados fue perdiendo glamour a medida que se iba generalizando.
Aunque a día de hoy la cesta sigue siendo un clásico presente en muchas organizaciones, en los últimos años el regalo gastronómico ha ido perdiendo terreno frente a regalos más actuales o prácticos como gadgets tecnológicos, artículos para el hogar, descuentos para el turismo y el ocio o regalos solidarios.
Por ejemplo, según varias encuestas de IM Channel, el regalo preferido por los empleados como regalo de incentivos es un iPad, aunque en Navidades la cosa cambia: un 35% de los usuarios de este medio suspiran por una pata de jamón, seguido de quienes prefieren dinero, una estancia en un hotel rural o un bono regalo.
Poco a poco, la personalización se va imponiendo; cuatro de cada diez empleados considera que el mejor regalo que les podría hacer su empresa es uno que elijan ellos mismos. De ahí el nacimiento de soluciones tecnológicas en las que los trabajadores eligen su obsequio, previamente ajustado por la compañía al presupuesto, y el auge de las tarjetas regalo.
Según una encuesta de Pixmania Pro, un tercio de las empresas dan regalos navideños a sus empleados. Y a pesar de que éstas no son el perfecto Rey Mago, un 85% de los empleados afirma que le resulta muy agradable el detalle, según un estudio de Alta Gestión.
Tampoco cesa el debate sobre la utilidad de este tipo de incentivo. ¿Mantienen su valor motivacional? ¿Su eliminación provoca turbulencias en el clima organizacional? ¿Hay un retorno en la inversión? Para Joana Frigolé, consultora gerente de Perfil RRHH, lo más importante es que “estas celebraciones son una buena ocasión para realizar un alto en el camino y recordarnos mutuamente que, al fin y al cabo, somos personas que trabajamos conjuntamente para conseguir unos objetivos y unos resultados”.

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